(Recanati, Italia, 1798-Nápoles,,
1837) Escritor italiano. Educado en el ambiente austero de una familia aristocrática
provinciana y conservadora, manifestó precozmente una gran aptitud para las letras.
Estudió en profundidad a los clásicos griegos y latinos, a los moralistas
franceses del siglo XVII y a los filósofos de la Ilustración. A pesar de su formación
autodidacta, impresionó muy pronto a los hombres de letras y los filólogos de
su tiempo con su erudición y sus impecables traducciones del griego. Su frágil
salud se resintió gravemente a causa de esa dedicación exclusiva al estudio. La
lectura de los clásicos despertó su pasión por la poesía y formó su gusto. En
Discurso de un italiano sobre la poesía romántica (Discorso di un Italiano intorno
alla poesia romantica) tomó partido por los clásicos en la disputa que planteaba
el romanticismo, argumentando que la poesía clásica establece una intimidad profunda
entre el hombre y la naturaleza con una simplicidad y una nobleza de espíritu
inalcanzables para la poesía romántica, prisionera de la vulgaridad y del intelectualismo
modernos. El tema del declive político y moral de la civilización occidental
y, en particular, de Italia, es central en sus primeros poemas, que pasaron a
formar parte de los Cantos (Canti, 1831), obra que pone de relieve el divorcio
del hombre moderno y la naturaleza, considerada como única fuente posible de amor.
A partir de 1817 mantuvo una asidua relación epistolar con Pietro Giordani, que
fue a la vez su mentor y amigo. También en ese período inició la redacción de
su ensayo Zibaldone, en el que trabajó durante años, precisó progresivamente lo
que él llamaría su «sistema filosófico» y elaboró el material literario que le
serviría para sus obras mayores. Ese trabajo de introspección favoreció el desarrollo
de su faceta lírica e intimista, que se expresa en versos de gran musicalidad:
entre 1819 y 1821 compuso los Idilios (Idilli). Leopardi elaboró un lenguaje poético
moderno que, asumiendo la imposibilidad de evocar los mitos antiguos, describe
las afecciones del alma y el paisaje familiar, transfigurado en paisaje ideal.
A partir de 1825 residió en Milán, Bolonia, Florencia y Pisa y se acercó a los
medios políticos liberales. Tras la revolución de 1831 fue elegido diputado
de las Marcas en la Asamblea Constituyente de Bolonia, pero, tras perder su confianza
en el movimiento liberal, renunció a su escaño; su crítica a los liberales la
expresó en la obra Paralipómenos de la Batracomiomaquia (Paralipomeni della Batracomiomachia,
1834). Entre 1833 y 1837 residió en Nápoles, en casa de su amigo Antonio Rainieri.
Los Zibaldone de pensamientos (Zibaldone dei pensieri), en los que trabajó desde
el verano de 1817 hasta 1832, se publicaron póstumamente en 1898; se trata de
un conjunto de notas personales en las cuales anota sus ideas acerca de la literatura,
el lenguaje y casi cualquier tema de política, religión o filosofía, y en las
que refleja su original recepción de los debates de su tiempo. Como poeta, su
estilo melancólico y trágico recuerda inevitablemente a los románticos, pero su
fondo de escepticismo, su expresión precisa y luminosa y el pudor con que contiene
la efusión de sentimientos le acercan más a los clásicos, tal como él mismo deseaba.
Católico y conservador, en su juventud, se transformó luego
en volteriano y revolucionario, enrolandose en filas de los que bregaban por la
independencia de su patria bajo el dominio austriaco. Alma enferma en un cuerpo
minado por la tuberculosis, casi ciego, el tema de sus "Cantos", y de toda su
poesia en general, es el dolor: el dolor personal del amante decepcionado, del
patriota exaltado, y luego el dolor universal, en todas sus formas. Sus versos,
apasionados, amorosos y tristes, son de una elegancia perfecta, entre los mejores
escritos en lengua italiana. «Los
secretos del corazón humano son a veces tan profundos que no se pueden
penetrar fácilmente; por esta razón, los mejores momentos de un amor
son aquellos en que te asalta una serena y dulce melancolía; cuando lloras
y no sabes por qué; cuando reposadamente te resignas ante una desventura
sin saber cuál es; cuando gozas con una nadería y sonríes con menos todavía...»
GIACOMO LEOPARDI Trabajo
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