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 HB un equipo de barrio que se puso smoking 

  "El barrio Buceo manda en Montevideo... el Huracán arrasa la ciudad con cantos, bombos, gorritos, acunando un primer puesto y una condición de invicto, defendido a coraje puro... En el Buceo no se puede dormir... además, nadie piensa en hacerlo... las horas más largas del mundo son las que van de partido a partido... Durante la interminable semana cada hincha recorre el barrio casa por casa, recolectando botellas en desuso, diarios viejos, cualquier cosa que pueda ser negociada en busca de los pesos que la institución necesita. Colaboración humilde pero valiosa... aporte que se agiganta en la intención, en el cariño, en la esperanza agrandada del hincha que por fin, puede salir del letargo de las derrotas para transformarse en la nota...
       Hay un desfile diario de los niños en busca de las aulas de la vieja escuela "Japón", marchando por Comercio en exposición de gorritos tricolores, casi gritando su partidarismo, poniendo color, cosa inusitada, belleza pura...
       El fútbol precisa de estas cosas... un auténtico club de barrio se ha puesto un smoking de medida... desde los ranchos de la costa a los lujosos apartamentos; de la chalana al último modelo colachata, surge un clamor que quiere campeonato... si hasta el trajín de la Fábrica de Vidrios rima entre ruidos acompasados el nombre heroico del Huracán Buceo... "Los Nuevos Saltimbanquis" despertaron el coro y la batería que comanda Liberato salió de su rincón de descanso, después de la última noche de caras pintadas...¡Huracán Buceo...!
      Es un grito, una esperanza; un torrente de emociones hasta ayer contenidas que ruedan por las calles del Buceo, buscando el remanso de un título, de una realidad deseada, acariciada, mimada hasta con un rezo sordo, tímido y hasta hereje, pero rezo al fin... oración rea que sobrecoge, que anuda gargantas y empuja lágrimas... Humildad con grandeza, barrio orgulloso, estirpe de varones picados por el sol playero, envueltos en la filosofía particular del chupín y la damajuana; sin desplantes, sin alarde de mala educación; anteponiendo alegría sana e hinchismo por encima de salvajadas o prepotencia... ¡Huracán Buceo...! eso es lindo, te hace grande, simpático, querido, respetado y admirado...
       Mañana estarán de nuevo tus gorritos sentenciando anhelos, reclamando esfuerzos, exigiendo coraje... y las canchas se llenarán de cantos murgueros, para el mejor asombro de los indiferentes, de los fríos, de los que viven para adentro, tal vez por vergüenza o ignorancia de cómo vivir para afuera. Y saldrán tus once varones dispuestos a la entrega total, por encima de condiciones, porque al fin sólo importa ganar... Y otra vez a buscar botellas y diarios viejos, a preparar el nuevo canto, a pintar carteles... y esas horas interminables de sábado a sábado, sin dormir, sin poder dormir ni desearlo... ¿para qué?
       El barrio Buceo manda en Montevideo... El Huracán arrasa la ciudad... desde los ranchos de la costa a los lujosos apartamentos... de la chalana al último modelo colachata... Tres colores que exigen campeonato, que han salido a buscarlo a punta de coraje y dientes apretados... Huracán Buceo, tu presencia hacía falta... el fútbol te necesitaba. Has puesto una cosa distinta, nueva, mejor...

Carlos Soto. (El País, 1968).

 


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